Gastronomía

El templo de las carnes de buey gallegas está en Lugo: así es el restaurante España

El templo de las carnes de buey gallegas está en Lugo: así es el restaurante España
Jorge Guitián

13/07/2026 06:00

Inaugurado a finales de 1906, el restaurante España es hoy no sólo el más antiguo de la ciudad de Lugo, sino un clásico imprescindible para entender la cocina gallega del último medio siglo, etapa en la que ha estado en manos de la familia López.

Para entender la importancia de este restaurante es necesario tener presente su contexto. Lugo es aún hoy la única de las provincias gallegas que no está conectada con el resto de España por la red de AVE, la única que no está conectada a la capital, Santiago, mediante autopista o autovía. A unos 90 kilómetros de la costa -y de la autovía que une Galicia con Asturias- y con algo menos de 100.000 habitantes, la ciudad es el principal centro provincial, pero queda lejos del movimiento turístico y empresarial de otras zonas gallegas.

Por otro lado, Lugo era, hasta hace poco más de seis meses, la única provincia gallega que no contaba con un restaurante con estrella Michelin. Todo esto genera un contexto en el que tiene un mérito particular proyectos gastronómicos ambiciosos.

El chuletón seleccionado se trae a la mesa antes de cocinarloEl chuletón seleccionado se trae a la mesa antes de cocinarloJorge Guitián

Y aún así, la provincia cuenta con un ecosistema de restaurantes diverso y muy interesante. Junto al España, nombres como Javier Montero (Ribadeo), A Parada das Bestas (Palas de Rei), Prebe, Campos o Paprica (todos ellos en la capital provincial), Nito (Viveiro), A Faragulla (Chantada), Mesón do Campo (Vilalba) o el recientemente estrellado Vértigo (Sober) convierten a la provincia en un destino gastronómico injustamente poco conocido, pero con un potencial muy significativo.

Es ahí donde hay que entender al España, en esa pequeña capital provincial insuficientemente comunicada, alejada de los grandes destinos turísticos -aunque el Camino Primitivo a Santiago va sumando visitantes año tras año- en la que la fidelización del cliente de proximidad es aún, si cabe, más importante que en cualquier otro lugar. Ahí es donde hay que contextualizar el trabajo de esta saga hostelera.

Francisco López nació en Recelle, un pequeño pueblo a media hora de Lugo, en una casa del año 1786 que acabó dando lugar al proyecto Finca Recelle, en el que la familia cría bueyes en la actualidad. En los prados que rodean la casa, entre castaños, pace casi una veintena de animales, algunos de una talla imponente, en muchos casos de razas autóctonas. Francisco, retirado hoy del restaurante que gestionan sus hijos, se acerca a diario a visitar a los animales, dando de este modo continuidad al espíritu que la casa familiar, en origen una casona de labranza, ha mantenido vivo durante casi 250 años.

La apuesta por la calidad, la trazabilidad y el bienestar animal convierte al restaurante España en un ejemplo de que el futuro pasa por comer menos carne, pero mejor

Sus hijos, Paco en la sala y Héctor en cocina, son nombres esenciales de la cocina gallega contemporánea. Su restaurante está reconocido con dos Soles por la Guía Repsol y acumula otros galardones, pero eso no es lo importante. Lo fundamental es que han sabido prolongar el trabajo de su padre y actualizar el restaurante, convertirlo en un básico de la ciudad -y de Galicia- sin traicionar su esencia. Y en el proceso, hace algo más de una década, integrar el trabajo de Finca Recelle en su propuesta, añadiendo una capa más a su oferta y convirtiendo al España en un básico para los aficionados a las carnes de calidad.

Sandwich de buey Finca Recelle y caviarSandwich de buey Finca Recelle y caviarJorge Guitián

Hoy el restaurante España sigue siendo lo que ha sido en las últimas décadas, la gran casa de la cocina lucense. Lejos de conformarse con esto, sin embargo, ha ido actualizándose, tanto en espacios como en propuesta, y ha profundizado en el conocimiento de unas carnes que hoy son una de sus señas de identidad. No en vano, Héctor es, además del cocinero en el restaurante familiar, uno de los grandes colaboradores con las I.G.P. Ternera Gallega y Vaca Gallega - Buey Gallego, con los que hace años que desarrolla una intensa labor de formación y divulgación.

Volviendo al restaurante, a un paso de la muralla romana de la ciudad y en pleno centro histórico, los hermanos López han sabido dar forma a un proyecto versátil, con gastrobar en la planta inferior, en la que la oferta es más informal, y un amplio restaurante arriba, con dos espacios bien diferenciados, que es capaz de adaptarse a públicos diversos, desde el cliente más de diario, que busca una comida quizás más sencilla, de ticket más ajustado, a aquel otro que llega para sumergirse de lleno en el universo cárnico de la Finca Recelle.

Esta apuesta por la carne, en un momento en el que un público cada vez más ámplio se cuestiona su consumo de este tipo de alimentos, resulta particularmente interesante, porque demuestra que muy probablemente la vía está en la calidad, en la trazabilidad, en las condiciones de vida de los animales y puede que en un consumo menor, pero más responsable, dispuesto a pagar más por un producto excelente, en sintonía, de alguna manera, con la máxima de “comer menos carne, para comer mejor carne”. La cría en extensivo, el bienestar animal y la minimización de estrés son elementos clave en la propuesta del España.

El arroz de chuletón de vaca es uno de los clásicos del restauranteEl arroz de chuletón de vaca es uno de los clásicos del restauranteCedidas por el restaurante

En cuanto a la carta, amplia y diversa, hay que decir que se adapta a todos los tipos de clientela. Las carnes mandan, es cierto, pero pueden encontrarse en ella otras propuestas. Desde un bacalao confitado con repollo a un arroz meloso de lubina salvaje y berberechos o un calamar frito con vinagreta de jalapeños. En la planta baja, alternativas más sencillas, como una hamburguesa de buey con queso San Simón da Costa, unas croquetas de chipirón en su tinta o un pan de brioche relleno de estofado de buey.

Es el apartado cárnico del restaurante, sin embargo, el que exploramos en esta visita y el que se ha convertido, si no en el hecho diferencial más significativo de la casa, en su reclamo más popular. Y con razón.

Gazpacho de tomatillo y atún curado, como aperitivo, para empezar en estos días de calor veraniego. Y a continuación el sandwich de tartar de buey gallego Finca Recelle con caviar -en otros momentos del año aparece en carta con trufa-, un bocado ligero, aperitivo, que va introduciendo al comensal en el universo cárnico de los López y que encuentra en el caviar, que aquí sí tiene todo el sentido -es una lástima tener que destacar esto, pero es algo que no siempre ocurre- el contrapunto de grasa, salinidad y yodo perfecto.

Nigiri cremoso de Savel y cecina de wagyu. Se trata, en realidad, de una croqueta, casi fundente, de queso azul Savel, de la quesería Airas Moniz, una de las más premiadas de Galicia que veía este año como este queso en concreto era declarado mejor queso de España y que se corona con una lasca de cecina. Aquí las cosas cambian, la potencia lo inunda todo, los matices de curación de la cecina y de bodega del queso se entreveran en un entrante realmente sabroso.

Steak tartar de cadera y tuétano a la brasa. Producto, sin más, con el aliño justo para arroparlo, para añadir elementos que refrescan, aligeran y hacen que apetezca probar siempre un poco más de un producto elegante, potente aunque sin excesos. Y una cesura, a continuación, una bogavante frito con huevo, patata y trufa -casi como un bacalhau á brás / bacalao dorado- de bogavante que permite descansar las papilas, llevarlas por un momento hacia el mar, sin que el disfrute ni la intensidad decaigan.

Y llega, finalmente, el chuletón de rubia gallega, intenso, sabroso, perfecto de punto, con la capa de maillard justa en el exterior. No sé hasta qué punto se puede hablar con propiedad de la elegancia de una carne, pero si existe, ese punto está cerca del de esta, que se acompaña con patatas fritas y tirabeques a la brasa. Tiempo aún para probar la costilla de buey Finca Recelle asada a la brasa durante 12 horas, presentada deshuesada, en un lingote napado por un jungo intenso de carne, sobre una crema de patata. Por último un único postre, cítrico, refrescante: una versión de la lemon pie.

Héctor López con uno de los animales que crían en Finca RecelleHéctor López con uno de los animales que crían en Finca RecelleJorge Guitián

Es interesante cómo el presente gastronómico apunta varias líneas de cara al futuro. Si hace unos años la apuesta mayoritaria parecía vincularse a la vanguardia -sea eso lo que sea, que este es un debate que tenemos pendiente- hoy aparecen otras alternativas que no sólo son interesantes, sino que, esto es clave, parecen contar también con el favor del público.

Una de ellas es la de la exploración del producto. En este caso las carnes de buey, que tienen particular sentido en Lugo, una de las grandes provincias ganaderas de vacuno en España, y muy en particular en esta casa que, con la cría de sus propios ejemplares, no sólo establece un vínculo adicional con el territorio, con su propia historia y encuentra un elemento de gran potencia comunicativa y culinaria sino que puede disfrutar del privilegio de controlar el producto desde el origen y llevar a su carta una oferta única.

El restaurante España conjuga hoy varios realidades en su propuesta. Es el restaurante clásico de Lugo, una de las grandes casas de la cocina gallega. Y es, al mismo tiempo, un gran restaurante de producto, un lugar que apuesta por la producción propia, por un producto local, de calidad, que aporta valor añadido al mercado. Todo esto es importante, pero conseguir hacerlo desde una propuesta con personalidad, con sentido y con un estupendo nivel de cocina, en el que todo está donde tiene que estar y todo encaja con el lugar, con la atmósfera y con el discurso, acaba por redondear la experiencia y por convertir al restaurante España en uno de esos lugares que hay que conocer para entender la pluralidad de la cocina gallega en 2026.

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