Vanguardiers, volvemos al formato monográfico con uno de los vinos del club de este mes; este no es otro que uno de los básicos imprescindibles de Can Ràfols dels Caus; en mi opinión, sin lugar a dudas, uno de los mejores tintos en relación calidad-precio que tenemos en nuestro país.
Mi historia con esta bodega es curiosa, dado que, siendo una de las más importantes y prestigiosas del Penedès —y, por tanto, de Cataluña—, no la conocí de manera consciente hasta 2020, en pleno confinamiento.
Sí, como leéis. Llevo bebiendo vinos de forma habitual desde 1996 y no supe de la existencia de esta bodega, fundada en 1979, hasta esta década. Toda una anomalía en la Matrix que desde entonces ando compensando, siendo ahora un catálogo que consumo bastante.

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En su gama hay desde insignes rosados, con un tremendo potencial de guarda, a blancos de clase mundial con variedades tan singulares en esas latitudes como 'chenin blanc' o 'incrocio manzoni', sin olvidar tintos neomediterráneos con la 'sumoll' como protagonista.
Todo un variado elenco ideado por su icónico fundador: Carlos Esteva, fallecido en 2023 a la edad de 72 años y considerado una de las grandes figuras del vino patrio. No tuve la suerte de conocerle, pero todo el mundo que me habla de él lo hace desde la admiración. Un elaborador pasional y original con una fuerte apuesta por los vinos de calidad, independientemente del rango de precio.
Entrada a la Bodega Can Ràfols. CedidaLa colección Terraprima —que también incluye un blanco— fue el último proyecto de Carlos, creado a partir de una finca adyacente a la suya que iba a ser explotada como cantera para la producción de cemento.
Actualmente, la propiedad cuenta con 40 hectáreas con viñedos de hasta 80 años, cuyos suelos calizos dotan a esta mezcla de 'garnacha' y 'cariñena' de un punto salino muy atractivo. Y es que lo mejor viene al probarlo.
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De contenido grado (13,5% vol.), su gran integración alcohólica hace que la protagonista en la boca sea la parte frutal: fresa y, en general, frutos rojos de punto ácido, un toque mentolado y un sofisticado final amargo. Todo este conjunto hace que el vino resulte bastante más fresco de lo que se podría esperar de un tinto mediterráneo y lo hace idóneo para el verano.
Servido algo más fresco de lo normal, es un tinto que va fenomenal para cualquier tipo de trance estival. Ya sea una fiesta piscinera, una barbacoa o una excursión, funciona igual de bien por sí solo que acompañando comida.
Lo único negativo puede ser que solo una botella se nos quede corta; eso ocurrirá, pero tiene fácil solución
Lo podéis servir tanto al principio como reservarlo para la sobremesa; en este sentido, descorcharlo siempre es de lo más pertinente. Lo único negativo puede ser que solo una botella se nos quede corta; eso ocurrirá, pero tiene fácil solución. Así que nada, vanguardiers, ahora es vuestro turno de disfrutarlo.
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