Todavía no ha cumplido los treinta años, pero Iván Sánchez ya roza la veteranía, sobre todo, si atendemos a los premios y galardones que ha recibido a lo largo de su carrera profesional como sumiller. El último de estos reconocimientos ha sido el premio a Mejor Sumiller de Rioja 2026.
Aunque, en su caso, la sumillería no es una vocación temprana, sí es una pasión que se ha ido forjando a lo largo del tiempo. Nacido en Canet de Berenguer (Valencia), donde comenzó sus primeros contactos con el mundo del vino en el bar del pueblo, más adelante comenzó sus estudios de hostelería en Castellón. Allí descubrió cómo el vino y la cultura son una misma cosa.
Precisamente, esa fusión, junto con la relación con la gente inherente al vino, es lo que conquistó a Iván Sánchez, y lo que hace que cada día disfrute en el restaurante Venta Moncalvillo (Daroca de Rioja), donde atiende, escucha y guía en la elección del vino a todo aquel que hace un alto el camino.

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Es el vigente campeón del Concurso Regional de Sumilleres de La Rioja 2026. ¿Qué significa para usted este reconocimiento, teniendo en cuenta que viene de una tierra tan especial para el vino?
Es algo muy importante porque en esta región en cada esquina se respira el mundo del vino. Además, el carácter riojano es muy abierto, lo cual ayuda mucho a compartir conocimientos. Es un escaparate muy importante para el mundo del vino, y por supuesto, también para mí. Además, hacía más de 20 años que no se celebraba este concurso, así que, su celebración ha supuesto la vuelta de los sumilleres riojanos a la puesta en escena nacional.
El camino hasta este premio tiene su origen en Canet de Berenguer (Valencia), su lugar de nacimiento.
Así es. De hecho, creo que Canet condicionó todo lo que vino después, en el sentido de que pasé mucho tiempo en el bar del pueblo, relacionándome con muchas personas con personalidades muy distintas. Después, estudié en la Escuela de Hostelería Costa de Azahar de Castellón, e hice prácticas en Marqués de Riscal durante dos años. Seguí estudiando los WSET y hace unos siete años llegué a la Venta Moncalvillo.
Iván Sánchez, durante el concurso para Mejor Sumiller de Rioja 2026. Cedida¿Por qué Venta Moncalvillo?
Porque era un sitio del que había oído hablar mucho, con una carta de vinos muy importante. Además, en todo este tiempo, hay puntos de inflexión muy importantes, como cuando gané la competición nacional de copa Jerez. También hace poco, entré entre los cinco primeros jóvenes talentos de 2026 en la lista de los Top 100 de los sumilleres de España.
¿Qué imagen cree que tiene la gente de los sumilleres?
Creo que hemos pasado una época en la que el sumiller parecía un doctor hablando en términos muy técnicos, algo que era un problema porque la gente se perdía con los tecnicismos. Pero ahora vivimos otra etapa más global en la que se está consiguiendo hablar con un vocabulario más cotidiano, y eso acerca la gente al mundo del vino.
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¿Cree que los influencers han tenido algo que ver con esa transformación?
Sí, además creo que el aumento de influencers y divulgadores del vino en las redes es muy positivo. Aunque, en mi opinión, todavía es más importante que se esté perdiendo el miedo a hablar de vino en tus círculos más cercanos, y no tanto en las redes.
Para saber qué es un sumiller, mejor que curiosear por las redes es ser atendido por uno. ¿Qué es lo que se encuentra alguien en un restaurante como Venta Moncalvillo?
Principalmente, encuentra una persona que escucha y que tiene cercanía. Piensa que nuestro restaurante está en un pueblo que apenas llega a 50 habitantes, y cuando la gente viene aquí, queremos que se sienta como si volviera a su pueblo. Por otro lado, intentamos guiar al cliente siempre teniendo en cuenta sus gustos.
Parece que le gusta lo que hace. ¿Es así?
Sí. Pero, sobre todo hay dos cosas con las que disfruto mucho: por un lado, el contacto con la gente, ya que no entiendo el mundo del vino sin poder compartirlo; y por otro, la cultura que encuentras detrás de cada botella de vino que te hace viajar al mediterráneo, Galicia, Jerez… Una botella es capaz de transmitir un territorio.
Suma ya alrededor de una década en el mundo de la sumillería, ¿tiene alguna anécdota que recuerde con especial satisfacción?
Sí, muchas. Pero, una de las más recientes es la que ocurrió hace unos días. Unos suizos que recorrían el mundo visitando zonas vinícolas llegaron al restaurante y tras una “viaje” de grandes añadas históricas de Rioja, con vinos con más de 70 años de edad como un Diamante semidulce de Franco Españolas, o un Blanco seco de R. López Heredia de los años 30, quedaron tan encantados que antes de marcharse, ya habían reservado para noviembre.
Creo que hay vinos que pueden estar a la altura de un Rioja, pero también creo que La Rioja es una de las grandes zonas vinícolas del mundo
¿Y un momento en el que pensara “tierra trágame”?
Eso fue lo que pensé al abrir una botella a una persona del año de su nacimiento, 1964. Estuvo casi diez minutos en silencio, sin decir una sola palabra. Esos diez minutos se me hicieron eternos. Luego me dijo que, simplemente, le gustaba disfrutar del vino de esa manera, en silencio.
Como sumiller afincado en La Rioja, le pediría que se “mojara”. ¿Cree que hay vinos que pueden competir con un Rioja?
Creo que hay vinos que pueden estar a la altura de un Rioja, pero también creo que La Rioja es una de las grandes zonas vinícolas del mundo, porque reúne los tres pilares fundamentales que, para mí, debe tener una zona de vinos: diversidad, conocimiento e historia.

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¿Con qué Riojas disfruta más?
Me gustan los vinos que reflejan su origen, como pueden ser el caso de proyectos jóvenes como los Martes of Wine, Carlos Mazo, los años de elaboración de Jesús Mendoza... Y también disfruto con los de bodegas históricas como R. López de Heredia, y el abanico de vinos antiguos de Rioja.
El rival histórico de un Rioja es un Ribera, ¿recomendaría un Ribera del Duero a un cliente?
Claro. Me gusta ese tanino redondo y marcado que tiene el Ribera. Disfruto de Dominio de Es, Mauro, Dominio del Águila... y también me he llevado sorpresas muy buenas con botellas antiguas de Vega Sicilia y Alejandro Fernández con su Tinto Pesquera.
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