La Cooperativa de Artés, o Sindicato de payeses inicial, nació en enero de 1908, es decir, llevan en pie más de un siglo, concretamente, en apenas dos años cumplirán 120 de existencia. Se trataba de un proyecto en el que diversos agricultores decidieron aunar esfuerzos para afrontar los nuevos retos que empezaban a asomar, en el sector agrícola en general, y en la elaboración del vino en particular.
Así, en 1914 inauguraron su primera bodega y en 1935 la segunda, y con ella, la marca Artium. Desde entonces, esta cooperativa ha entendido su labor como mucho más allá de la elaboración de vinos y prueba de ello es la apertura, en 2016, del Espacio Artium, que funciona como punto de encuentro de la comarca. Hoy en día cuentan con más de 300 socios colaboradores y forman parte de la DO Pla de Bages. Y muestran que lo del cooperativismo lo llevan hasta el final, contestando a tres voces a esta entrevista. El pasado lo explica Marcel·lí Comas, el presidente, de 62 años; el presente lo narra Anna Berenguer, la coordinadora, de 48 años, y el futuro lo vislumbra Arnau Carol, el dinamizador de proyectos de proximidad, con 25 años.
¿Cómo nació Cavas Artium?
La Cooperativa, o Sindicato de payeses inicial, nació en enero de 1908, con lo cual dentro de dos años cumpliremos 120 años de existencia. En origen el proyecto se fundamentaba en la asociación de diversos agricultores para aunar esfuerzos y trabajos a fin de afrontar los nuevos retos que ya se vislumbraba que afectarían al sector agropecuario en general y en particular al viñedo y a la elaboración del vino.

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¿Cuál era la idea que impulsó el proyecto?
En los años precedentes, Catalunya, el Bages y Artés habían visto cómo la plaga de la filoxera diezmaba la práctica totalidad de las viñas y surgía la necesidad de recuperarlas, procediendo a nuevas plantaciones, con soporte de pies americanos. Al tiempo también se producía un cambio general en las técnicas de cultivo, la introducción de nuevos productos fitosanitarios y abonos, una incipiente mecanización del campo y, en general, una mayor conciencia para mejorar el rendimiento. Un grupo de personas entusiastas, lideradas por un sacerdote adscrito a la parroquia de Santa Maria d'Artés, observaron que era el momento idóneo para reunir trabajo y esfuerzo, capacidades, conocimiento y muchas ganas de aprender nuevas cosas y así impulsaron un proyecto que pervive y que hoy, además, tiene futuro.
¿Qué define la personalidad de la bodega?
La personalidad única de la bodega (el Celler Cooperatiu) viene definida precisamente, y especialmente, por su carácter cooperativo; es decir, mantiene como valores el trabajo y el esfuerzo de sus socios agrarios, productores de uva para la elaboración de sus vinos, el conocimiento, experiencia y saber acumulados de estos mismos socios y de la propia cooperativa, durante más de un siglo de existencia ininterrumpida.
Anna Berenguer: “La personalidad única de nuestra bodega viene definida precisamente por su carácter cooperativo”. CedidaY a día de hoy, ¿cómo ha evolucionado esa personalidad?
Se han ido incorporando nuevos e importantes rasgos que también identifican su carácter y personalidad, como por ejemplo la asunción, principalmente a través de su Agrobotiga, de valores como la sostenibilidad y proximidad de muchos de los productos que en esta tienda se ofrecen. Una característica que quizá se haya incorporado más recientemente es la de apertura total a la sociedad artesense, de la que pretende ser un actor importante, participando en su vida y tejido económico, pero también en la vida social del municipio.
¿Qué valores intentan transmitir con cada botella?
En cada botella de Artium, tanto sea de vino, cava, vermut, etc., se debe transmitir la buena calidad del producto original, la uva, y en segundo lugar el cuidado y riguroso trabajo realizado durante las elaboraciones. No obstante, se intenta transmitir también los valores propios que caracterizan a una bodega cooperativa como es Artium. Hoy esos valores representan modernidad, capacidad de superación, innovación, compartir trabajo y conocimiento, y contribuyen, sin lugar a duda, a construir una sociedad más justa y equilibrada. En nuestro caso, además, ayuda a mantener al sector primario activo, cuidan el territorio, fijan población en áreas no metropolitanas y crean redes sociales (no virtuales).
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¿Qué hace diferente a un buen cava?
La calidad del producto original y el buen hacer en el proceso de elaboración. No obstante, a la hora de elegir un buen cava, habría que valorar muchos otros aspectos; deberíamos conocer dónde nace y dónde se hace, es decir, el territorio. Este simple hecho lo hace diferente; un buen cava debe reflejar su pequeña historia de vida. Un buen cava, sin lugar a dudas, se presentará sin muchas envolturas, será llano y sincero, con su pequeña historia y poca cosa más. Cuando se nos presenta un cava cargado de clasicismo y selección, grandes fincas e historietas de generaciones (que ni conocían el cava), glamour y lujo mal entendido, no se está pretendiendo vender un buen cava.
¿Qué aspectos suelen pasar desapercibidos para el consumidor cuando abre una botella?
Que detrás de las burbujas refrescantes y deliciosas que nos bebemos hay dos elaboraciones y no solamente una. Hacer un espumoso con el método tradicional requiere elaborar un vino dos veces —doble fermentación—, por lo que aumentan los costes. Y muchas veces no se aprecia, ya que en el mercado podemos encontrar bebidas alcohólicas con burbujas mucho más fáciles de elaborar. Por eso es importante comprobar que en el etiquetado ponga “Método tradicional”, sinónimo de alta calidad y elaboración tranquila y largas crianzas.
Anna Berenguer Badia: “Nosotros elaboramos el cava con la fórmula del año 1949 por lo que requiere más paciencia y horas”. Dani Casas¿Qué importancia tienen el tiempo de crianza y el trabajo en bodega en el resultado final?
Lo es todo. Nosotros elaboramos el cava con la fórmula del año 1949, por lo que requiere más paciencia y horas. Pero nos permite presentar un producto distinto a los demás. Primero hacemos un pie de cuba en damajuanas de 60 litros donde el aporte de levadura es muy superior a las elaboraciones más estándares. En segundo lugar, removemos las botellas una a una en los pupitres haciendo doble movimiento (rotación-traslación) para un mejor aclarado natural y, en la etapa final de arrimado, lo dejamos en contacto con la levadura en botella durante más de tres años.
¿Cómo describiría el estilo de los cavas de Artium?
Son cavas templarios, ya que a través de ellos pretendemos mantener viva la historia del esfuerzo inicial de los años 40 y por eso hemos decidido mantener muchos de los procesos, pero a la vez adaptándonos a la actualidad. Nuestros casi 120 años de historia nos han permitido caer y levantarnos varias veces y hemos entendido que no tenemos miedo a proponer innovaciones arriesgadas. Es el ejemplo de la nueva gama El Fresc y La Fresca, pensados para tomar con vaso y hielo, que han tenido una acogida espectacular.

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¿Qué variedades consideran fundamentales para expresar la personalidad de sus cavas?
Las autóctonas catalanas. Ya que son las que nos ofrecen un perfil aromático más singular. Quizá no serán las más afrutadas, espectaculares y comerciales, pero son las que nos ligan a la tierra, a la historia y las que han aguantado mejor todos los cambios.
¿Cómo se están adaptando al cambio climático?
Por lo que hace referencia a las vides, son las autóctonas las que nos aguantan mejor y las que nos van a ayudar a salvar el cambio climático. El ejemplo está en que la macabeu, xarel.lo, parellada, trepat.. han aguantado en buenas producciones en los años más secos y las foráneas han sufrido más.
¿Qué retos plantea mantener la calidad en un contexto climático cada vez más exigente?
El reto principal es estar al día, no dormirse en los laureles y entender cada año el comportamiento de los distintos viñedos. Si conviene modificar formas o tiempos de podar o vendimiar, tenemos que estar dispuestos a hacerlo para procurar una buena materia prima. Quizá, hace 70 años toda la uva se consideraba muy similar y todos los recursos iban a la elaboración, ahora mismo la uva es lo principal y tenemos que asegurar una buena calidad aunque vaya en sacrificio de la cantidad.
Cada vez más gente entiende que el cava es el mejor de los vinos para beber durante una comida
¿Cómo ha cambiado la forma de consumir cava en estos años?
El cava ha sido durante muchas décadas una bebida muy tradicional y clásica, entendida básicamente para brindar y celebrar. Pero el sector ha hecho muchos esfuerzos y cada vez más gente entiende que es el mejor de los vinos para beber durante una comida. Es el mejor aliado para todos los maridajes, ya que la burbuja actúa como potenciador de sabores natural. Y actualmente el cava es muy versátil y nuestros jóvenes lo están entendiendo como algo fresco, con burbujas, arraigado a lo natural y divertido. Creemos que este es el camino; que haya un momento para cada tipo de cava, que vaya desde el gran maridaje con un brut nature reserva hasta la informalidad de un vermut con cava muy afrutado y tomado con hielo.
¿Se está rompiendo la idea de que el cava es solo para Navidad o las grandes celebraciones?
Nuestra apuesta pasa por reivindicarlo como un vino espumoso para disfrutar en cualquier momento. Quizá esa imagen de exclusividad y glamour ha alejado a las nuevas generaciones de su consumo, pero nosotros creemos que el cava también puede disfrutarse de forma desenfadada. Al final, cada burbuja tiene su momento y su persona. El cava no entiende de clases sociales ni de etiquetas: es para quien quiera disfrutarlo, sea cual sea su estilo de vida o la ocasión.
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¿Observan un mayor interés por conocer el origen y la historia que hay detrás de cada botella?
Sí, el crecimiento del enoturismo y la llegada de un público más joven nos confirma que existe una curiosidad real por descubrir el origen, la elaboración y las personas que hacen posible cada cava. En nuestro caso, el hecho de ser una cooperativa con más de un siglo de historia y profundamente vinculada al territorio despierta mucha curiosidad. Cuando compartimos nuestra trayectoria, el compromiso de los viticultores y la historia de nuestros vinos y cavas, el consumidor establece una conexión mucho más cercana con el producto y el elaborador. Precisamente ahí es donde el enoturismo adquiere un gran valor, nos permite explicar todo el proceso.
¿Qué momento vive actualmente el cava?
Creemos que el cava está viviendo un cambio generacional y de dinámica que era muy necesario. Es el momento de dejar de competir únicamente por ofrecer grandes crianzas o brut nature a precios bajos y empezar a aportar un valor añadido, entendiendo que existe un cava para cada persona y para cada momento. El reto pasa por llevar el cava allí donde antes no estaba: a las coctelerías, a los bares, a las terrazas, a las casas y también a las barras de los festivales. Debemos conquistar nuevos momentos de consumo y demostrar que se puede disfrutar de un producto de proximidad, elaborado con calidad y tradición, de una forma cotidiana y natural. Ahí creemos que está el futuro del cava.
Si conseguimos que alguien deje de ver el cava como una bebida para tres días al año y empiece a hacerle hueco en su nevera, habremos conseguido mucho
Si alguien prueba por primera vez un cava de Artium, ¿qué le gustaría que descubriera en esa copa?
Nos gustaría que pensara: “¿Por qué no bebo cava más a menudo?”. Si conseguimos que alguien deje de verlo como una bebida para dos o tres días al año y empiece a hacerle un hueco en su nevera, ya habremos conseguido mucho. Después, si además descubre quiénes somos, nuestra historia y todo lo que hay detrás de cada botella, mejor todavía. Pero lo primero es que disfrute del cava sin prejuicios y se lo haga suyo.
¿Cómo imagina la bodega dentro de diez años?
Hay una frase que nos gusta mucho y que resume muy bien nuestra forma de entender el futuro: “Quizá el futuro del cooperativismo no empiece por tener más tierra, sino por sumar más personas dispuestas a defenderla”. Conocemos las dificultades que vive la viticultura y seguiremos haciendo todo lo posible para que nuestros socios puedan ganarse la vida trabajando la tierra. Pero si algo ha demostrado esta cooperativa en más de un siglo de historia es su capacidad de adaptación y siempre lo hemos hecho manteniéndonos fieles a lo que somos. Dentro de diez años no soñamos solo con vender más botellas. Soñamos con seguir siendo una cooperativa agraria que utiliza su dimensión social para defender el territorio.
Actualmente son más de 300 socios colaboradores…
Ojalá dentro de diez años seamos 1.000. No será solo una cuestión de números, significará que cada vez hay más personas que creen en este proyecto, que valoran lo que hay detrás de cada botella y que quieren formar parte de una forma diferente de entender el consumo. Si conseguimos crecer sin perder de vista quiénes somos, de dónde venimos y por qué existimos, estaremos exactamente donde queremos estar.
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