Durante años, los edulcorantes se asociaron casi automáticamente a los refrescos light, los chicles sin azúcar o los productos para personas con diabetes. Pero el mercado alimentario ha cambiado. La presión para reducir azúcares, las estrategias de reformulación y la demanda de productos bajos en calorías han hecho, según estudios, que estos aditivos aparezcan en muchos más alimentos de los que el consumidor imagina.
En la Unión Europea, los edulcorantes autorizados deben haber sido evaluados antes de su uso, y su presencia debe declararse en el etiquetado. Aun así, saber que son legales no resuelve una pregunta práctica: ¿en qué productos están apareciendo realmente y con qué frecuencia?
¿Qué ha encontrado el estudio?
Un estudio español publicado en Journal of Food Composition and Analysis actualiza el mapa de edulcorantes bajos o sin calorías en alimentos y bebidas comercializados en España. Los investigadores revisaron la información declarada en las etiquetas de productos incluidos en la base NUTRIFEN de la Fundación Española de la Nutrición.
El estudio detectó edulcorantes en 2.469 alimentos y bebidas del mercado español, con mayor presencia en refrescos, dulces, bollería y yogures. Getty Images/iStockphotoEl resultado es llamativo: detectaron la presencia declarada de edulcorantes en 2.469 productos. La categoría con más presencia fue la de refrescos, aguas embotelladas y otras bebidas, con 905 productos. Le siguieron chocolates, confitería, barritas, coberturas dulces y postres, con 607; bollería, galletas y pastelería, con 229; y yogures, leches fermentadas, nata y productos similares, con 218.
La conclusión no es que todos esos productos sean iguales ni que el consumo sea necesariamente alto en todos los casos. El estudio mide presencia en el mercado, no cuánto consume cada persona.
¿Cuáles son los más usados?
El dato recompensa aparece al mirar los nombres concretos. El edulcorante más frecuente fue el acesulfamo K, presente en el 58,24% de los productos analizados con edulcorantes. Después aparecieron la sucralosa, con un 43,62%, y el aspartamo, con un 32,28%.

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Este cambio es relevante porque trabajos previos en España habían situado otros edulcorantes, como el sorbitol, entre los más habituales. Los autores apuntan a que la industria está recurriendo más a edulcorantes de alta intensidad, útiles para reducir azúcar y mantener dulzor con cantidades pequeñas.
También hay diferencias según el tipo de producto. El acesulfamo K dominó en yogures, bebidas vegetales, dulces y bebidas energéticas. La sucralosa fue muy común en bebidas lácteas, salsas y refrescos. El maltitol apareció sobre todo en bollería, galletas, pastelería y helados.
¿Por qué se combinan varios edulcorantes?
Otro hallazgo interesante es que cada vez se usan menos de forma aislada. Solo el 25,9% de los productos contenía un único edulcorante. Lo más habitual fue encontrar dos, en el 39,4% de los casos. Además, un 24,4% contenía tres, y un 10,2% incluía entre cuatro y siete.
Combinar varios edulcorantes permite ajustar el dulzor, mejorar el sabor y reducir regustos, aunque también hace más difícil interpretar la etiqueta. ROSA LAZICEsto no significa automáticamente que el producto sea más peligroso. La combinación puede tener sentido tecnológico: mejorar el sabor, reducir regustos, ajustar la textura o aumentar la estabilidad. Pero sí complica la lectura del consumidor, porque ya no basta con buscar “sin azúcar” o “light”. Hay que mirar ingredientes concretos.
El propio estudio recuerda una limitación importante: se basó en lo que declaran las etiquetas, pero no midió la cantidad exacta de cada edulcorante. Por tanto, permite saber dónde aparecen, pero no calcular exposición real.
El punto clave para el consumidor
El mensaje no debería ser miedo a los edulcorantes, sino lectura más atenta. Un producto con menos azúcar no se convierte automáticamente en saludable. Puede seguir siendo un ultraprocesado, tener poca calidad nutricional o formar parte de una dieta demasiado dulce.

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Por eso, la pregunta útil no es solo “¿lleva azúcar o edulcorante?”, sino qué tipo de alimento es, con qué frecuencia se consume y qué lugar ocupa en la dieta. No es lo mismo un yogur natural, una bebida ocasional o una bollería “sin azúcar” que se come a diario pensando que no cuenta.
Qué dicen los organismos
Las autoridades europeas evalúan la seguridad de los aditivos antes de autorizarlos y fijan ingestas diarias admisibles cuando corresponde. Pero la OMS también ha advertido que los edulcorantes sin azúcar no deberían utilizarse como estrategia principal para controlar el peso a largo plazo.
La recomendación práctica queda en un punto intermedio: no demonizar un aditivo autorizado, pero tampoco usarlo como coartada para mantener una dieta muy dependiente del sabor dulce. El etiquetado ayuda, pero el patrón alimentario completo sigue siendo lo que más importa.
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