Beber agua para saciar el hambre o evitar el picante para comer más son dos consejos ya extendidos en nuestra sociedad. Sin embargo, un nuevo estudio de la Universidad de Cornell cuestiona las recomendaciones y apunta que podrían tener los efectos contrarios.
Durante años se ha recomendado beber agua durante la comida como una forma sencilla para aumentar la sensación de saciedad y controlar así el apetito. Sin embargo, la investigación de la Universidad de Cornell, publicada en la revista científica Appetite, cuestiona esta creencia al observar que las personas que más bebían durante la comida también terminaban consumiendo más alimentos.
Los investigadores analizaron el comportamiento de 86 adultos durante varias comidas en laboratorio
Los investigadores analizaron el comportamiento de 86 adultos durante varias comidas en laboratorio. Los participantes podían comer libremente platos como chili con carne o pollo tikka masala, registrando cada bocado y sorbo.
Los resultados mostraron que por cada 100 gramos adicionales de agua que bebían, los participantes consumían aproximadamente 39 gramos más de comida, lo que equivale a 49 calorías adicionales. Además, aquellos que alternaban de manera frecuente entre bocados de comida y sorbos de agua comían más.
Segun la autora principal del estudio, Paige Cunningham, el agua abandona rápidamente el estómago, por lo que la sensación de saciedad dura poco tiempo. Los investigadores creen, además, que el agua mejora la masticación y previene la sequedad bucal, haciendo que la comida resulte agradable durante más tiempo y retrasando la sensación de haber comido suficiente.
El equipo también llevó a cabo un segundo experimento, publicado en la revista Food Quality and Preference, para comprobar como influye el picante en el volumen de comida ingerida. En esta ocasión, 49 adultos comieron totopos acompañados de una salsa leve y otra versión más picante, elaborada con pimienta de cayena.
Los participantes que probaron la salsa picante comieron un 28% menos de aperitivos que cuando consumieron la versión suave.
Los participantes que probaron la salsa picante comieron un 28% menos de aperitivos que cuando consumieron la versión suave. La explicación, segun el equipo de investigación, es que el picante produce que las personas coman más lento. Los participantes comieron el aperitivo picante un 30% más lento que el suave. En otras palabras, este ritmo lento favorece que aparezca antes la sensación de saciedad y reduce la cantidad total de alimentos ingeridos.
Los autores subrayan que ambos experimentos tienen su limitación. Se realizaron en condición de laboratorio y con un conjunto reducido de comidas y aperitivos, por lo que no se pueden sacar conclusiones asociadas a todas los tipos de comidas o situaciones cuotidianas. Aún así, consideran que los resultados deben abrir la puerta a otros experimentos y estudios para revisar algunas recomendaciones habituales sobre alimentación.
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