La dieta mediterránea sigue siendo uno de los grandes referentes de la alimentación española, pero la cesta de la compra dibuja una realidad bastante menos ideal. El estudio ¿Cómo comemos?, elaborado por la Fundación EROSKI a partir del Panel de Consumo Alimentario del Ministerio de Agricultura, muestra que ninguno de los cuatro grandes grupos analizados —frutas y hortalizas, frutos secos, legumbres y pescado— alcanza las cantidades recomendadas.
La segunda parte del análisis añade otro dato especialmente llamativo: los hogares con niños presentan un perfil alimentario peor que aquellos sin menores. Conviene, eso sí, hacer una precisión con la cifra del 27%: corresponde al conjunto de los hogares españoles, no exclusivamente a las familias con hijos. En 2024, el consumo nacional de legumbres cubría solo el 26,9% de la recomendación.
Con niños en casa, cae el peso de los alimentos más recomendados
La presencia de menores marca diferencias claras en la composición de la compra. En los hogares sin niños, los alimentos clasificados como de consumo diario o frecuente suponían el 74,18% del volumen adquirido. La cifra bajaba al 71,66% cuando había niños de entre 0 y 6 años y al 70,46% en hogares con menores de 6 a 15 años.
En los hogares con niños disminuye el peso de alimentos como fruta, hortalizas y pescado, mientras ganan terreno productos dulces y preparados. unsplashLa brecha resulta todavía más visible al mirar algunos alimentos concretos. La fruta representaba el 16,81% del volumen en hogares sin niños, pero descendía al 13,16% con menores pequeños y al 12,77% cuando tenían entre 6 y 15 años.
Algo parecido ocurría con las hortalizas: 13,84% frente a 11,18% y 11,10%. Y con el pescado: 4% en hogares sin menores frente al 2,85% y 2,98% en los dos grupos con niños.
Más dulces y comida preparada
El desplazamiento no consiste únicamente en consumir menos alimentos frescos. Los productos de consumo ocasional o muy ocasional suponían el 25,82% de la cesta en hogares sin niños. Su peso aumentaba hasta el 28,34% cuando había menores de 0 a 6 años y hasta el 29,54% con niños de 6 a 15 años.
Entre las diferencias destacaban la comida precocinada, que alcanzaba el 3,08% y el 3,23% en los hogares con menores, y los alimentos y bebidas dulces, que llegaban al 15,93% y al 16,25%.

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El informe no permite concluir que tener hijos sea por sí mismo la causa de comer peor. La estructura familiar está ligada también a factores como el tamaño del hogar, la edad de los adultos, el nivel socioeconómico o el tiempo disponible para comprar y cocinar.
Las legumbres son el gran déficit de la cesta española
Más allá de las diferencias familiares, el dato nacional muestra hasta qué punto algunos pilares tradicionales de la dieta mediterránea han perdido presencia.
La referencia utilizada por el estudio establece cuatro raciones semanales de legumbres de 60 gramos cada una. Sin embargo, el consumo real de 2024 se situaba en torno a 1,1 raciones semanales por persona: apenas el 26,9% de esa recomendación.
Las legumbres apenas alcanzan 1,1 raciones semanales por persona, muy lejos de las cuatro que toma como referencia el estudio. CC0Tampoco los otros grupos alcanzaban el objetivo. Frutas y hortalizas llegaban al 64,5% de la cantidad recomendada, los frutos secos al 44,9% y el pescado al 60,8%.
El propio informe señala además que entre 2022 y 2024 disminuyó el consumo medio de frutas y hortalizas y de pescado, mientras las legumbres prácticamente permanecieron estancadas.
Comer mejor no aparece necesariamente como la opción más cara
El estudio introduce otro elemento que complica la explicación basada únicamente en el precio. Entre 2022 y 2024, el gasto alimentario por persona aumentó un 11%, mientras el volumen comprado cayó alrededor de un 2%. Sin embargo, los autores observaron que varios grupos consumidos por debajo de lo recomendado, como frutas y hortalizas, presentaban precios medios por kilo inferiores a categorías con mayor presencia de productos procesados, carnes o snacks.

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Eso no significa que todas las familias tengan la misma capacidad económica ni que el precio sea irrelevante. El acceso, el tiempo para cocinar, la conservación de los alimentos, las preferencias de los niños y la organización cotidiana también condicionan lo que termina en el plato.
La fotografía final es menos mediterránea de lo que sugiere la fama gastronómica española: poca legumbre, insuficiente fruta, verdura y pescado y, especialmente en los hogares con menores, mayor presencia de alimentos dulces y preparados. El reto no parece estar únicamente en saber qué alimentos son saludables, sino en conseguir que encajen de verdad en la rutina diaria de las familias.
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