Gastronomía

Interiores del hotel canario que sigue sumando estrellas Michelin

Interiores del hotel canario que sigue sumando estrellas Michelin
Cristina Jolonch

Tenerife

04/09/2026 06:00 15 15 0:000:000.5x0.8x1x1.2x1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial

Cuando sus amigos de la infancia soñaban ser astronautas o grandes futbolistas, y lo contaban con la osadía que solo los niños tienen a la hora de hilvanar futuros, Fernando Turnes decía que algún día dirigiría un hotel de cinco estrellas. No sabe de dónde vino esa curiosa vocación –la madre daba clases y el padre era conductor de autobús en su Galicia natal - pero sí recuerda que en el hotel de sus sueños la cocina sería exquisita y admirada.

Desconocemos qué fue de los otros niños, pero él está al frente del Royal Hideaway Corales Resort (Tenerife), que abrió en 2018 en la Costa de Adeje, a cuatro pasos de la preciada avenida  Macaronesia, donde el coste medio de las viviendas roza los 6 millones de euros. Se trata del hotel más lujoso que gestiona Barcelona Hotel Group, y él tuvo claro que en ese buque blanco con vistas al océano, donde todo el personal que atiende a los huéspedes es profundamente amabilidad, la alta cocina sería uno de los grandes alicientes. Pero es sabido que la enorme apuesta económica  que requiere comprar los mejores ingredientes y equipar las cocinas como se precisa,  suele generar un conflicto de intereses entre los equipos de cocina y sala y la empresa hotelera, que siempre acaba ganando y que exige contención en los gastos. A no ser que esos intereses sean los mismos, como ocurrió en este caso:  Laurenz Deceunink, de la familia propietaria del hotel, tenía la misma obsesión que Termes y es una enamorado confeso de la gastronomía, de la que es buen conocedor y disfruta por todo el mundo.

Detalle del hotel, con una arquitectura que simula los bancales del paisaje Detalle del hotel, con una arquitectura que simula los bancales del paisaje Connor Duffy

Obra del arquitecto tinerfeño Leonardo Omar, el Corales es una construcción rectangular con curvas sinuosas, mucha luz y abundante vegetación, con desniveles inspirados en los antiguos bancales que se utilizaban para el cultivo. Parece un  barco-balcón, desde el que en los días claros se puede ver la silueta de la Gomera, justo enfrente. 

A sus pies, la costa de Adeje, con sus restaurantes asomados al mar y sus playas, en verano en temporada baja y –las temperaturas han sido este agosto mucho más plácidas este que en la Península-. A lo lejos, al este, asoma el vértice del Teide. Avanzando por un sendero escarpado y cuesta arriba, se llega a la playa de Diego Hernández, de arenas blancas. 

La terraza del restaurante Crater, en el conjunto de Corales Villas La terraza del restaurante Crater, en el conjunto de Corales Villas John Athimaritis

Quienes buscan restaurantes con reconocimientos en la guía Michelin o en la Repsol, van a estar ocupados durante su estancia. Con cuatro estrellas repartidas en tres de sus restaurantes, es el hotel que acumula mayor cantidad de ellas en España (y uno de los hoteles más estrellados del mundo). Al poco de abrir sus puertas, la guía roja recomendaba ya el más nuevo de los establecimientos, en Corales Villas, el Crater, que enseguida despuntó con su trabajo en el estudio de la cocina y las despensas de las distintas islas;  ahora su equipo está realizando viajes prospectivos a la Palma, a cuya tradición dedicarán su nuevo menú. Si en el hotel el peso de la propuesta está en la despensa del mar,  en las villas el foco está en la cocina volcánica.

Uno de los platos del restaurante Crater, en el Corales Villas, que funciona al margen del Corales resortUno de los platos del restaurante Crater, en el Corales Villas, que funciona al margen del Corales resortFood Design Company

El Crater no ha tenido tiempo de conseguir aún estrella y aún no la luce tampoco, todavía, el Starfish. Allí  Víctor Rossecker, nacido en Gran Canarias (de padre alemán), criado en Lanzarote y desde hace tiempo instalado en Tenerife, capitanea una cocina que a él le gusta calificar de honesta. Detrás del adjetivo recurrente hay una auténtica voluntad de ofrecer un buen producto impecablemente tratado. “Sé que es una isla turística pero queremos mostrar la despensa local sin agobiar al cliente”, afirma este cocinero que a su vez es chef ejecutivo de todo el hotel.

Víctor Rossecker, chef del Star FishVíctor Rossecker, chef del Star FishFood Design Company

El Starfish trabaja con productos de la zona, en lo posible de pequeños productores, como La Calabacera, con cuya complicidad consigue magníficas verduras y hortalizas, o La Finca de Uga (Lanzarote), de donde entre otras cosas trae muy buenos quesos. Como entrantes, el camarón de Los Abrigos, la raíz de apio, queso añejo, pistacho y trufa; sigue un tartar de atún con yema de huevo ahumada y brioche, un chipirón cocinado en grasa de cochino negro de la isla con un fondo de escabeche; la berenjena (quizás el más representativo del lugar) glaseada con salsa de ajo negro, piñón, aceituna y albahaca y un cherne negro en un impecable punto de cocción.

Una de las elaboraciones del menú del Star FishUna de las elaboraciones del menú del Star FishFood Design Company

Como postres, aguacate con manzana verde, lima y granizado de pepino y helado de yogur de cabra majorera con papaya ecológica a la brasa y crema pastelera de tomillo, ambos deliciosos. Tanto en este establecimiento como en los que visitaremos a continuación, tenemos la oportunidad de disfrutar del gran momento que viven las bodegas canarias, de las que salen vinos interesantísimos. No riza el rizo este chef que ofrece una sabrosa y muy isleña.  Este establecimiento, que por las mañanas se transforma en el espacio de almuerzos Latitud (Corales también ha sido galardonado por sus desayunos) es una excelente puerta de entrada al hotel gastronómico.

La siguiente cena será en el Rincón de Juan Carlos, de los hermanos Padrón y sus respectivas parejas, las sumilleres y responsables de sala María José Plasencia y Raquel Navarro. Los reencontramos más de una década después de visitarlos en su anterior ubicación, en Los Gigantes, y cuando cumplen un lustro en el hotel, donde alquilan el espacio que gestionan de manera autónoma. “La complicidad es total y sentimos que nos apoyan en todo”, afirma Juan Carlos Padrón.

Las mesas frente al mar de El Rincón de Juan Carlos, dos estrellas Michelin Las mesas frente al mar de El Rincón de Juan Carlos, dos estrellas Michelin Food Design Company

Su incursión en el Corales fue paulatina, primero como asesores, y aunque su idea era continuar en Los Gigantes, donde habían adquirido una casa espectacular a la que iban a trasladarse- “imaginábamos convertirla en el restaurante más bonito de Canarias”- . Aquel sueño que no lo cumplieron a causa de la pandemia. Aconsejados por Carlos Hernández, amigo y cómplice asesor, optaron por instalarse en el hotel.

Con dos estrellas en la guía roja y tres soles Repsol –además tienen otro restaurante estrellado con el mismo nombre en Gran Canaria) , esta familia lo da todo en una propuesta que busca la excelencia y, por encima de todo, que cada mesa sea una fiesta. Este verano han estrenado algunos espacios reformados, como las bodega, que ahora luce a lado y lado del pasillo que da acceso al comedor, pasando frente a la cocina, o las nuevas estanterías en uno de los comedores, en los que la vista se va a la primera línea de mesas con vistas al mar, desde donde se puede disfrutar la puesta de sol.

La tartaleta de marisco del Rincón de Juan CarlosLa tartaleta de marisco del Rincón de Juan CarlosFood Design Company

Raquel Navarro y María José Plasencia están al frente de la sala y de una interesante selección de vinos, que ofrecen como maridaje a quienes eligen esa opción. Su menú se divide en tres  estaciones, a las que precede una espléndida bienvenida, con pequeños entrantes que se van depositando sobre el mantel: alga nori con pastelera de foie, el rulo de quisquilla con mantequilla de soja, la lechuga de mar con brandada de bacalao, la tartaleta de espinacas, el crujiente de pollo con anguila y chantilly y la tartaleta de carne madurada. Se trata de creaciones ligeras que se pueden comer con los dedos y que apuntan la línea de su cocina, sutil, muy golosa y con mucha técnica pero sin renunciar a una despensa de mucho nivel.

María José sirve un Lara, de Litán blanco, de la bodega Vega Spínola de Lanzarote María José sirve un Lara, de Litán blanco, de la bodega Vega Spínola de Lanzarote C.J.

La primera estación despega con un agradable sopa de cebolla con flan roto y brioche de queso Flor de Guía y dos preparaciones sutiles y sabrosas, la ensalada de moluscos con vinagreta y la empanadilla de choco, a la que siguie uno de los clásicos de la casa, el turrón de morcilla canaria con praliné salado de almendras, inspirado en el bombón de foie del Celler de Can Roca. Para la segunda estación, el bogavante con pimiento y ajoblanco, riquísimo, los cappelletti de hinojo a la crema de hinojo y anchoas, la caracola de apio con toffe de apio y piñones, el wagyu con champiñones y el sabroso cuello de cordero con menta. 

Si Juan Carlos es el responsable de la cocina salada, su hermano Jonathan, que también tiene experiencia en la misma y de la que también se ocupó hace años, tiene ahora el mando en los postres, en los que no renuncia ni a ingredientes más propios de la despensa de Juan Carlos ni, como él, a ingredientes llegados de otras latitudes. Tomate, pepino y helado de mostaza, archita y hierbas en el primer pase, al que siguen otros  postres, de tupinanmbo, helado de mantequilla y trufa y milhojas de maíz, crema de mantequilla tostada y ajo negro.

Flan roto, sopa de cebolla y brioche frito de queso Flor de Guía Flan roto, sopa de cebolla y brioche frito de queso Flor de Guía Food Design Company

A pesar de haber llegado a un estatus altísimo en la alta cocina, lo que transmite esta familia no es la calma de quien mira desde la cima sino todo lo contrario, la energía de quienes han trabajado duro y no conocen otra manera de estar en un sector que les sigue ilusionando que dejándose la piel.  La energía de quien durante años suspiraban imaginando “el día que tengamos personal....”. Se ve el esfuerzo en la cocina y en la sala y esas mejoras que siguen haciendo con la intención clarísima de seguir subiendo el listón. Mejoras que también denotan que no pierden de vista el aliciente de la soñada tercera estrella. Tanto los hermanos como sus parejas muestran la complicidad de quien ha compartido tiempos duros (“la pandemia fue tremenda, y tuvimos que hacer un esfuerzo tremendo para salir adelante”) y también momentos mágicos. Como cuando les llegó la noticia de la primera estrella e Ina León, la madre de Juan Carlos y Jonathan, que aún cocinaba con los hijos, y sus nueras lo vieron en la tele y armaron tal jaleo que la fiesta se extendió por toda la sala. 

Niki Pavanelli, chef del estrellado BocconcinoNiki Pavanelli, chef del estrellado BocconcinoFood Design Company

Que un hotel gastronómico ha de tener un buen italiano, es algo que tenía claro el director del Corales, quien no dudó en llamar a la puerta de Niki Pavanelli, nacido en Bolonia y enamorado de su tierra y su cultura culinaria, pero también de la cocina creativa que conoció en España, donde lleva dos décadas viviendo,  y del arte de Albert Adrià, con quien se considera afortunado de haber podido trabajar en los tiempos del barcelonés Tickets y del Pakta.

Si ha de haber un italiano, ha de ser expansivo y alegre, meticuloso y orgulloso de su tierra, como Pavanelli. Insiste este cocinero nada más presentarse en que nada de los que ocurre en su restaurante, Il Bocconcino, ni en la trattoría con la que comparte nombre, justo al lado, ni siquiera por supuesto esa estrella en el primero de la que está tan orgulloso, sería posible sin el trabajo del equipo que lo acompaña. Sus recuerdos culinarios, ya sea de infancia o de las casas en las que se formó en su país, trata de reflejarlos en un menú que pretende recorrer Italia de un extremo al otro e incorporar tanto los productos o las técnicas de la alta cocina que le atraen y con los que quiere expresar su propia creatividad. 

Anguila sobre crumble de calabazaAnguila sobre crumble de calabazaFood Design Company

La tradición italiana reinterpretada con producto en su mayoría local (gamba canaria, atún patudo, cochino negro, cordero pelibuey) tienen protagonismo en un menú en el que abundan las elaboraciones con numerosos ingredientes. Es, quizás, el reflejo de un chef autoexigente que tiende a buscar “ese toque más”, no siempre necesario. Arranca con pequeños bocados en los que luce técnica y producto; elabora sus propios embutidos, trabaja la pasta (el tortello de lubina, el raviolo líquido de carbonara sobre queso pecorino, guancale de cochino negro que elaboran ellos mismos y sirven crujiente, su chicharrón suflado y la botarga de la tierra.  Su cata de parmesanos servido en diferentes grados de maduración es un ejercicio interesante en para el comensal, con el que interactúa y con quien comparte su pasión y su conocimiento de un producto delicioso que le representa.

El chef del San Hô, Adrián BoschEl chef del San Hô, Adrián Boschlucas amillano

En una pequeña y confortable terraza con la luz ocre del atardecer arranca la cena en San Hô, donde descubriremos a un chef, Adrián Bosch, que se confiesa hijo de la última revolución gastronómica y para quien, confiesa, recurrir a las técnicas más conocidas de la alta cocina creativa es normal: “Porque mi manera de entender la cocina es El Bulli y he crecido hablando ese lenguaje”. Cuando le ofrecieron ponerse al frente de este restaurante que nació dedicado a la cocina nikei,  aprendió lo más rápido que pudo para poder hacerlo dignamente. “Pero aquello no era lo mío. Este iba a ser el proyecto de mi vida y tenía que hacer la cocina que me apasionara”.

La terraza del estrellado San HôLa terraza del estrellado San HôFood Design Company

Aquí regresamos al principio; a esa complicidad entre el hotel y cada unos de sus restaurantes y a la apuesta por un producto de mucha calidad y a esa confianza en los equipos. Bosch hoy ofrece una cocina muy personal, disfruta enormemente con su trabajo y quiere darlo todo en un menú que le gusta empezar  con un juego. En este caso un conjunto de elaboraciones que van llegando a la mesa y que reproduce la liturgia de la hora del té, en este caso sustituyendo la infusión por un delicioso consomé. En esa “hora del té” hay un eclair de setas y encurtidos, un brioche penicillium, un buñuelo de coliflor cocinado en la OCO, una flor frita de queso ahumado y ajo negro. 

Postre dedicado a la cabra majoreraPostre dedicado a la cabra majoreraFood Design Company

Seguirá un recorrido de tapas, con una versión de la gilda, concha fina con aguachile fermentada, escabeche de mejillones con hinojo encurtido, calamar a la romana con shio-koji o un pequeño bocadillo de caballa. A este chef le gustan los toques ácidos, los escabeches suaves, lo exótico y lo cercano. Le gusta hablar de cocina viajera y mestiza; salir de las islas, regresar y transitar sus tradiciones combinándolas con sabores de otras latitudes. Usa mucho producto atlántico; hace guiños a las tierras gaditanas no solo en algunos de los entrantes sino también en los excelentes vinos que elige el sumiller ecuatoriano Stalin José Cando Rojas, apasionado de su trabajo. Pero también pedacitos de Asia o Latinamérica con un afán de combinar y descubrir un mundo que no se le acaba.

Tras esos dos repertorios, llegan las hierbas con vinagre y dashi, su oda al mar, el atún patudo, las plantas olvidadas o la cabra majorera, que tiene su espacio tanto en la cocina salada como en uno de los sabrosos postres. Adriàn Bosh asegura que San Hô “habla de viajes, de memoria y de raíces y de todo aquello que nos transforma por el camino”. Lo hace con sensibilidad y con una ilusión enorme por seguir avanzando. Como los niños, imagina futuros con la misma libertad con que un día el director del Corales soñó lo que, como él mismo, haría realidad.

Cristina Jolonch

Cristina Jolonch

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Periodista barcelonesa, trabaja en La Vanguardia desde 1989, donde escribe sobre gastronomía y dirige el canal Comer en la web de este diario. Ha impulsado, junto a Fundación Raíces, el proyecto social Cocina Cociencia, dedicado a la inmersión social y laboral de jóvenes en riesgo de exclusión a través de la restauración.

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