La que aspiraba a convertirse en la primera granja industrial de pulpos del mundo no verá finalmente la luz en Gran Canaria. Nueva Pescanova ha desistido del proyecto con el que pretendía producir unas 3.000 toneladas anuales de pulpo en el puerto de Las Palmas, una iniciativa pionera que desde sus inicios había despertado una fuerte oposición entre organizaciones ecologistas y defensores de los animales.
Sin embargo, el abandono del proyecto no cierra el debate sobre la cría de pulpos en España. A más de 1.700 kilómetros, en Moaña (Pontevedra), sigue adelante una iniciativa de características distintas, pero vinculada también a la cría de esta especie: una instalación de experimentación larvaria con pulpo común cuya documentación inicial hablaba de la “consolidación del cultivo larvario para explotación industrial”.
Pese a que el proyecto de Gran Canaria estaba concebido para la producción comercial intensiva a gran escala y el de Moaña para la experimentación larvaria, el proyecto gallego también está en el punto de mira de las organizaciones animalistas por dejar una puerta abierta a una futura producción industrial. De hecho, PACMA ha reclamado a la Xunta de Galicia una investigación exhaustiva de la iniciativa y asegura que no descarta recurrir a vías administrativas y judiciales para impedir que el proyecto avance en esa dirección.
Una iniciativa pionera que no verá la luz en Canarias
Nueva Pescanova llevaba años trabajando para cerrar el ciclo reproductivo del pulpo común en cautividad y convertir una especie obtenida hasta ahora mediante pesca extractiva en una nueva producción acuícola. Sin embargo, el pasado mes de julio la compañía desistió del proyecto. Nueva Pescanova atribuyó la decisión a “consideraciones empresariales y regulatorias derivadas de la evolución del procedimiento administrativo”, después de que los nuevos requerimientos planteados durante la tramitación modificaran las condiciones iniciales del proyecto. Contactada por La Vanguardia, la compañía ha declinado hacer declaraciones y no ha querido ofrecer más detalles sobre las razones de su retirada.
Desde Greenpeace creen que las exigencias surgidas durante la evaluación ambiental pueden haber sido determinantes. Marta Martín, responsable de Océanos de la organización, considera probable que la decisión esté relacionada con la exigencia de una evaluación de impacto ambiental cada vez más exhaustiva. Martín plantea incluso la posibilidad de que el proyecto pueda trasladarse en el futuro “a un lugar con menores exigencias medioambientales”, aunque insiste en que se trata únicamente de una hipótesis y que Greenpeace no dispone de información al respecto.
Por su parte, María González Lacabex, abogada y miembro de INTERCIDS, Operadores Jurídicos por los Animales, apunta en la misma dirección: “Nueva Pescanova ha manifestado públicamente que esta retirada no significa que renuncien a intentar implantar esta industria, por la que siguen apostando. Hoy, esta o cualquier otra empresa podría intentar de nuevo desarrollar una granja industrial de pulpos en España, porque no existe una prohibición legal específica de esta actividad. Por eso creemos que es el momento de dar un paso más”. Para ello, INTERCIDS presentó en 2025 una propuesta legislativa para prohibir la cría comercial de pulpos en España, que se halla ya en el Congreso como proposición de ley, pendiente de tramitación.
Pulpo común Getty Images¿Por qué es tan difícil criar un pulpo?
El primer obstáculo tiene que ver con el propio animal. Los pulpos son animales cognitivamente complejos, exploradores y esencialmente solitarios, unas características difíciles de conciliar con un sistema basado en mantener un elevado número de ejemplares en tanques. “El pulpo es un animal salvaje, altamente complejo desde el punto de vista cognitivo y conductual, y con unas necesidades muy difíciles de satisfacer en cautividad”, explica González Lacabex. El confinamiento, las altas densidades y un entorno artificial y pobre en estímulos pueden, según explica, generar “estrés, agresiones, autolesiones, enfermedades y comportamientos anómalos”.
La capacidad de los pulpos para experimentar dolor y otros estados negativos está ampliamente reconocida y sus habilidades han sido objeto de numerosos estudios: pueden aprender, recordar, resolver problemas y modificar su comportamiento a partir de experiencias anteriores. Es precisamente esta complejidad la que ha situado el bienestar de los cefalópodos en el centro del debate sobre su posible incorporación a la acuicultura industrial.
A ello se suma una cuestión particularmente delicada: cómo matarlos. El proyecto de Gran Canaria contemplaba el sacrificio mediante ice slurry, una mezcla de agua y hielo. “Es un procedimiento que no permite garantizar una pérdida rápida de consciencia ni una muerte sin dolor prolongado”, sostiene González Lacabex. En este sentido, INTERCIDS asegura que actualmente no existe un método de sacrificio del pulpo científicamente validado que permita garantizar que el animal no sufre.
Alimentar peces para producir pulpos
La segunda gran objeción es ambiental. El pulpo es un depredador carnívoro que requiere, apunta Greenpeace, alrededor de tres kilos de alimento por cada kilo de pulpo producido. “Es absurdo y poco eficiente destinar peces que pueden alimentar a poblaciones que lo necesitan a la alimentación de pulpos”, apunta Martín. INTERCIDS coincide con este planteamiento. “En lugar de reducir necesariamente la presión sobre los océanos, estaríamos trasladándola a otro nivel de la cadena alimentaria”, afirma González Lacabex. A ello añade el consumo de agua y energía, la generación de residuos y vertidos y otros impactos asociados a instalaciones acuícolas intensivas.
El argumento enlaza con una crítica más amplia de Greenpeace a determinados modelos de acuicultura, especialmente los de especies carnívoras como la dorada o la lubina. Sin embargo, la organización sí considera sostenibles determinados cultivos, entre ellos el de bivalvos en Galicia. Su propuesta pasa por potenciar el pescado local y de proximidad procedente de pesca artesanal, reducir el consumo global de pescado y diversificar las fuentes de proteínas de la dieta.
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Paralelamente, en Moaña, Octolarvae, filial del Grupo Profand, desarrolla una iniciativa autorizada para la experimentación larvaria de pulpo. Sin embargo, la propia documentación con la que se inició su tramitación describía el proyecto como “consolidación del cultivo larvario de pulpo para explotación industrial”, una formulación que ha despertado la preocupación de las organizaciones contrarias a que la especie termine incorporándose a la acuicultura comercial.
Según el análisis del expediente que ha realizado PACMA, el programa pretende desarrollar durante aproximadamente cinco años un sistema estable y escalable de producción de juveniles que pueda permitir posteriormente avanzar hacia la producción industrial. El proyecto, siempre según el partido animalista, contempla además experimentar con la cría en cautividad de diferentes crustáceos (entre ellos nécoras, bueyes de mar, centollas, bogavantes, cangrejos y camarones) para utilizarlos como alimento de las larvas de pulpo, así como recurrir a ejemplares procedentes del medio natural para obtener huevos o reproductoras. “No vamos a permitir que Galicia se convierta en el laboratorio desde el que se impulse una nueva industria basada en el maltrato y la cría intensiva de pulpos”, ha advertido PACMA.
INTERCIDS comparte esta preocupación. “Desarrollar las técnicas necesarias para reproducir y criar pulpos puede contribuir a hacer viable, en el futuro, una producción industrial”, señala González Lacabex. Para la organización, la cuestión debería abordarse antes de que esa posibilidad técnica llegue a materializarse: “Es más sencillo evitar que se consolide una industria problemática que intentar corregir sus consecuencias cuando ya esté implantada”, concluye.
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